miércoles, 9 de diciembre de 2009

LOS DESHEREDADOS DE LA SOCIEDAD (II)

El puente ha terminado y como cada semana, se ha cobrado la vida de varias personas. ¿Pero sabían que en España mueren cada año más gente por suicidio que por accidente de circulación?. Y sin embargo, nadie habla de ellos. Son LOS DESHERADOS DE LA SOCIEDAD.
Del estudio publicado por la Universidad de Oviedo el pasado dia 23 de octubre de 2009, podemos sacar extractos como:
"En España muere más gente por suicidio que en accidentes de tráfico...En el conjunto del mundo se estima que un millón de personas se quita la vida, lo que representa un suicidio cada 40 segundos, una cifra que supera las defunciones registradas en algunos conflictos bélicos...Y es que en la inmensa mayoría de los casos los suicidios no son impulsivos sino que conllevan una elaboración previa, que la persona afectada se encarga de "verbalizar" en su entorno de una manera u otra....El doctor Martín ha señalado que la gente que habitualmente ve al afectado, no solo los familiares sino también "el camarero que le pone el café o el quiosquero que le vende el periódico", pueden estar atentos a esos mensajes finalistas que a veces son explícitos y otras no lo son tanto...En España, la tasa de suicidio por 100.000 habitantes fue de once para los hombres y de 3,5 para las mujeres, en el año 2007"
Supongo que son varias las causas que empujan a una persona a tomar tal decisión y no es mi intención hacer un análisis de ellas, entre otras razones, por no tener datos ni encontrarme capacitado para ello, pero intuyo que entre todas si hay un nexo común, la imposibilidad de encontrar otra salida. Tampoco me atrevería a calificar esta conducta (ni casi ninguna, al fin y al cabo soy don nadie), pero si reconozco que me asalta un cierto complejo de culpabilidad. Yo si conocia a una persona que decidió terminar con su vida. Era compañera de trabajo en una empresa que afrontaba un cierre patronal (estatal para mas señas) y la noticia nos sorprendió a todos aunque eramos conscientes del estado anímico por el que estaba atravesando. Siempre me hice las mismas preguntas ¿hubiera servido de algo hablar con ella? ¿me pidió ayuda y no la supe entender? ¿hasta que punto entre todos colaboramos en su decisión, bien por acción, bien por omisión?.
Que clase de sociedad hemos creado que niega una sonrisa a una persona decaida, una palabra al solitario, una caricia al desamparado o un hombro al que necesita apoyo. A menudo lavamos nuestras conciencias con aportaciones económicas a grupos, ong´s, mendigos, etc., de las que sólo nos acordamos cuando el banco nos carga el apunte correspondiente en nuestra cuenta bancaria.
Es todo tan fácil y sin embargo tan complicado.

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