Permitanme que les hable de mi padre. Nació en 1925 en un pueblo minero de la Mancha y con tan sólo catorce años (recien pasada la guerra), decidió venir a Madrid a labrarse un futuro. Así pasaron los años pasando de aprendiz a oficial en una peluquería del barrio de Argüelles hasta que conseguió entrar en la fabrica de una gran empresa ubicada en Chamartín. Fueron años dificiles, en los que la única posibilidad de llegar a fin de mes se basaba en un sin fín de horas extraordinarias (la velada) que le impidieron disfrutar de la infancia de sus dos hijos y de lo que ahora conocemos como conciliación de la vida laboral y familiar. Y en la fábrica pasó los mejores años de su vida hasta que coincidiendo con su cincuenta cumpleaños la empresa presentó un expediente de crisis y los trabajadores fueron despedidos y apenas indemnizados a pesar de los esfuerzos de una joven abogada laboralista llamada Cristina Almeida.
Gracias a la intermediación de un amigo, consiguió colocarse en el almacén de una empresa la cual le contrato por el salario mínimo y pagándole en sobre el exceso de horas trabajadas pero sin cotizar por ellas. Al cumplir cincuenta y ocho años, le despidieron para poder colocar en su lugar a un cuñado del jefe que se había quedado en paro. Después de dos años de desempleo fué obligado a jubilarse con sesenta años y el 60 % de la base de cotización de los últimos años. El resultado fué una pensión para él y su mujer en torno a los 300 €. Y así aprendió a vivir hasta que falleció a los 82 años, sin vacaciones, sin gastos suntuarios y sin más alegrías que ver crecer a sus nietos.
Ese fué el pago recibido por sus 46 años cotizados.
El debate de la jubilación es mucho más amplio que la edad. Son las condiciones económicas, el estado de salud, la posibilidad de encontrar trabajo después de los 45 años en este pais, etc.
De seguir adelante, quizá el estado tendría que convocar oposiciones sólo para mayores de 45 años, acogiendo en su seno a todos aquellos desheredados que no tienen cabida en el mundo de la empresa ni en esta sociedad en general.
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